Balzac, un asunto tenebroso y la función del abogado
Por Miguel Díaz Velasco
Abogado penalista
Hay novelas que permiten comprender mejor el Derecho.
Un asunto tenebroso, de Honoré de Balzac, es una de ellas.
La novela, publicada en 1841, se desarrolla en la Francia de Napoleón y tiene como fondo una conspiración política, las luchas por el poder y las consecuencias que pueden tener determinadas sospechas y acusaciones.
Pero, al margen de su argumento, contiene una reflexión sobre la función del abogado que me parece especialmente interesante.
En un momento de la novela, después de escuchar el relato de los hechos, Balzac afirma:
«Todo proceso es juzgado por los abogados antes que por los jueces».
La frase puede parecer, en principio, paradójica.
El abogado no juzga. Esa función corresponde al juez.
Sin embargo, creo que Balzac está señalando algo esencial en el trabajo del abogado: antes de defender una causa hay que intentar anticipar cómo será juzgada.
EL ABOGADO DEBE ANTICIPAR EL JUICIO
En las páginas siguientes, Bordin analiza el caso desde esa perspectiva.
No se limita a escuchar lo que le cuentan sus clientes.
Examina las circunstancias del caso, el valor de las pruebas, la posición de los testigos y, sobre todo, la interpretación que de todo ello pueden hacer quienes tengan que decidir.
Es decir, intenta ponerse en la posición del tribunal.
No para sustituir al juez.
Sino para comprender cómo será examinada la causa cuando llegue el momento del juicio.
Creo que esa es también una de las tareas más importantes del abogado penalista.
Cuando un cliente acude al despacho, lo primero es escuchar su versión de los hechos.
Pero escucharle no significa aceptar sin más su interpretación de lo sucedido.
Hay que analizarla.
Y hay que analizar también todo aquello que puede contradecirla.
¿Qué pensará el juez cuando examine las actuaciones?
¿Qué hechos considerará realmente acreditados?
¿Qué valor otorgará a las pruebas?
¿Qué argumentos de la acusación pueden resultarle convincentes?
¿Existen otras explicaciones posibles?
Son preguntas que forman parte de la preparación de cualquier defensa seria.
EL ABOGADO DEBE CONOCER LAS DIFICULTADES DEL CASO
Una buena defensa no puede construirse ignorando aquello que perjudica al cliente.
Si existe una prueba comprometida, hay que estudiarla.
Si la acusación tiene un argumento sólido, hay que conocerlo.
Si la versión del cliente presenta alguna dificultad, es preferible detectarla antes del juicio.
En la novela, Bordin hace precisamente eso.
Después de escuchar los hechos, no se limita a buscar aquello que favorece a los acusados.
También señala aquello que puede perjudicarles.
Incluso advierte de que determinadas circunstancias, aunque puedan tener una explicación distinta, serán interpretadas por la acusación y por el tribunal de una determinada manera.
Ese análisis puede resultar incómodo.
Pero es necesario.
El abogado debe ser capaz de identificar las debilidades de su propia posición antes de que lo haga la acusación.
NO BASTA CON CONOCER LA VERSIÓN DEL CLIENTE
En Derecho penal esta cuestión tiene especial importancia.
Una persona puede ofrecer una explicación de lo sucedido que considere plenamente convincente.
Pero el abogado no puede limitarse a preguntarse si esa explicación es convincente para su cliente.
Debe preguntarse si puede resultar convincente para el tribunal.
La diferencia es importante.
Porque el procedimiento penal no se decide únicamente a partir de lo que cada una de las partes sostiene.
Se decide a partir de los hechos que puedan considerarse acreditados y de la valoración jurídica que corresponda hacer de ellos.
Por eso es necesario distinguir entre lo que se sabe, lo que se puede probar y aquello que simplemente se sospecha o se deduce.
Una sospecha no es una prueba.
Una hipótesis sobre lo sucedido tampoco equivale necesariamente a un hecho probado.
Y que una determinada explicación parezca probable no significa, por sí solo, que pueda fundamentar una condena.
COMPRENDER LA POSICIÓN DE LA ACUSACIÓN
Otra de las enseñanzas que pueden extraerse de estas páginas de Balzac es la necesidad de conocer la posición de quien sostiene la acusación.
No solamente sus errores.
También sus argumentos más sólidos.
No solamente sus contradicciones.
También aquello que puede resultar convincente.
En ocasiones, una buena forma de preparar una defensa consiste precisamente en intentar construir la mejor acusación posible.
Preguntarse qué argumentos utilizaría el fiscal.
Qué pruebas presentaría.
Qué hechos destacaría.
Y qué interpretación intentaría ofrecer al tribunal.
Después habrá que analizar si esa acusación resiste el examen de las pruebas y del Derecho.
Ese ejercicio permite detectar con mayor claridad dónde están las verdaderas dificultades del procedimiento.
LA FUNCIÓN DEL ABOGADO
La función del abogado penalista no consiste en decidir si su cliente es culpable o inocente.
Esa decisión corresponde al tribunal.
La función del abogado es defender los derechos e intereses de su cliente y analizar críticamente la acusación, las pruebas y el procedimiento.
Para hacerlo bien necesita, entre otras cosas, cierta distancia respecto de la propia posición.
Defender al cliente no significa desconocer las dificultades del caso.
Escuchar su versión no significa dejar de analizarla críticamente.
Y actuar con firmeza no significa renunciar a la objetividad en el análisis.
Al contrario.
Cuanto más grave es una acusación, más necesario resulta ese rigor.
UNA IDEA DE BALZAC QUE SIGUE VIGENTE
Un asunto tenebroso fue publicada hace casi dos siglos.
Sin embargo, la reflexión de Balzac sobre la función del abogado conserva, a mi juicio, toda su actualidad.
«Todo proceso es juzgado por los abogados antes que por los jueces».
El abogado no puede decidir cuál será la sentencia.
Pero sí puede intentar anticipar cómo será examinada su causa.
Debe preguntarse qué verá el juez, qué pruebas tendrá en cuenta, qué argumentos pueden convencerle y cuáles son las razones que permiten cuestionarlos.
En definitiva, defender una causa exige también ser capaz de analizarla desde la perspectiva de quien tendrá que juzgarla.
Quizá esa sea una de las mejores formas de entender la función del abogado penalista.
