CÓMO DEFIENDO A MIS CLIENTES

Soy consciente que enfrentarse a un procedimiento penal es una de las situaciones más difíciles que puede atravesar una persona a lo largo de su vida. Por eso, mi forma de trabajar comienza desde el primer momento: analizo el caso, estudio sus riesgos y oportunidades y diseño una estrategia de defensa adaptada a las circunstancias concretas de cada cliente.
Mi objetivo es ofrecer una defensa rigurosa, cercana y eficaz, manteniendo al cliente informado durante todo el procedimiento y tomando cada decisión con una visión global del caso.
1. Analizo el caso desde el primer momento
Cuando asumo una defensa, mi primer paso es conocer en profundidad la situación y todas sus implicaciones jurídicas.
Analizo la documentación disponible, las circunstancias de los hechos, la situación procesal y personal, así como las posibles consecuencias. A partir de ahí explico al cliente de forma clara y concisa qué puede ocurrir durante el procedimiento, cuáles son los principales riesgos y qué alternativas reales defensa existen.
Desde el inicio establezco una estrategia que se podrá ir adaptando a medida que se conozcan nuevos elementos de la causa.
Creo que una buena defensa penal exige transparencia y honestidad con el cliente. Por eso explico con claridad tanto las posibilidades de éxito como las dificultades que presenta cada procedimiento. No hago promesas de resultados: ofrezco un análisis jurídico realista y trabajo para conseguir la mejor solución posible en cada caso.
Durante todo el procedimiento, el cliente sabe quién está defendiendo sus intereses y puede contar conmigo en todo momento, así como para tomar las decisiones relevantes con toda la información necesaria.
2. Actúo inmediatamente en caso de detención
Una detención exige actuar con rapidez y, sobre todo, con criterio.
Cuando un cliente es detenido, intervengo desde el primer momento para garantizar el ejercicio de sus derechos y valorar las circunstancias concretas del caso. La persona detenida tiene derecho a la asistencia de abogado y a guardar silencio, a no declarar contra sí misma y a no confesarse culpable.
Por ello, antes de prestar declaración valoro con el cliente y de forma individualizada si declarar, qué declarar y en qué momento hacerlo. No existe una estrategia válida para todos los casos: la decisión debe adoptarse después de analizar la información disponible y las circunstancias concretas de cada persona.
Si el detenido queda a disposición judicial, mi actuación se centra también en defender su libertad y oponerme a la adopción de medidas cautelares innecesariamente gravosas. Cuando proceda, solicito la libertad provisional y argumento ante el juez las circunstancias que permitan acordarla.
La Ley de Enjuiciamiento Criminal establece un procedimiento específico para decidir sobre la prisión o libertad provisional y exige que esta decisión se adopte conforme a los presupuestos y finalidades legalmente establecidos.
3. Construyo la defensa durante la instrucción
Durante la fase de instrucción estudio detalladamente la causa y todas las actuaciones practicadas.
Analizo las pruebas existentes, busco posibles contradicciones, identifico las cuestiones jurídicas relevantes y valoro qué actuaciones pueden resultar necesarias para defender los intereses de mi cliente.
A partir de ese análisis diseño una estrategia de defensa que explico y consensúo con el cliente. Su conocimiento de los hechos es esencial para mí, pero la estrategia jurídico-procesal debe construirse con criterios técnicos y teniendo en cuenta la evolución de la causa.
Durante todo el procedimiento mantengo una comunicación constante. Mi cliente debe conocer en qué situación se encuentra, qué decisiones debemos adoptar y qué consecuencias puede tener cada una de ellas.
Cuando existe una situación de prisión provisional, trabajo igualmente para conseguir su modificación, sin perder de vista la estrategia de defensa a medio y largo plazo.
4. Preparo el juicio oral con rigor
Cuando el procedimiento llega a la fase de juicio, vuelvo a revisar la estrategia de defensa a la luz de todo lo sucedido durante la instrucción.
Preparo el escrito de defensa y las actuaciones procesales que correspondan, prestando especial atención a las pruebas que deberán practicarse y a las cuestiones que puedan resultar decisivas para el juicio.
También preparo con mi cliente su intervención en el acto del juicio y estudio cuidadosamente los interrogatorios de las partes, testigos y peritos.
Analizo las posibles cuestiones previas, impugnaciones y demás incidencias que puedan plantearse durante la vista, así como los argumentos que deberán desarrollarse en el informe final.
La preparación es esencial, pero también lo es la capacidad de reaccionar ante lo que ocurre en la sala. En un juicio pueden surgir imprevistos, nuevas declaraciones o cuestiones que obliguen a adaptar la intervención de la defensa. Por eso considero fundamental combinar una estrategia sólida con la capacidad de respuesta necesaria en cada momento.
5. Defiendo la presunción de inocencia
En un procedimiento penal no corresponde al acusado demostrar su inocencia. La acusación debe aportar prueba de cargo suficiente para desvirtuar la presunción de inocencia, uno de los derechos fundamentales reconocidos por nuestra Constitución.
Por eso analizo cada prueba desde una perspectiva crítica: su origen, su legalidad, su contenido, su credibilidad y su capacidad real para acreditar los hechos que se atribuyen a mi cliente.
En determinados procedimientos, la mejor estrategia puede consistir en prestar declaración y ofrecer una explicación completa de los hechos. En otros, puede ser preferible ejercer el derecho a no declarar. La decisión depende siempre de las circunstancias concretas del caso y de la estrategia previamente definida.
6. Valoro también las soluciones negociadas
Mi obligación es defender los intereses del cliente y buscar la mejor solución jurídicamente posible.
Eso significa que no descarto una solución negociada cuando pueda resultar beneficiosa. En determinados casos, alcanzar un acuerdo puede evitar un juicio incierto, reducir las consecuencias penales o resultar especialmente relevante para evitar o reducir una eventual privación de libertad.
Por eso analizo desde el principio todas las alternativas: desde la defensa orientada a obtener una absolución hasta las posibilidades de conformidad o negociación que puedan resultar convenientes.
La decisión final se adopta siempre después de explicar al cliente las distintas opciones, sus ventajas, sus riesgos y sus consecuencias.
7. Sigo defendiendo al cliente hasta el final
La defensa no termina necesariamente con la sentencia.
Si la resolución no alcanza los objetivos perseguidos y existe fundamento jurídico para recurrirla, estudio la sentencia y planteo los recursos que procedan.
Analizo los posibles errores jurídicos, la valoración de la prueba, las infracciones procesales y cualquier otra cuestión que pueda justificar la impugnación de la resolución.
Mi compromiso es acompañar al cliente durante todo el procedimiento, desde la primera actuación hasta la resolución definitiva de su caso.
Una defensa penal eficaz empieza por escuchar, continúa con un análisis riguroso y se desarrolla mediante una estrategia adaptada a cada persona y a cada procedimiento.

Todos mis honorarios serán cerrados y con el IVA incluido.
Entiendo que el cliente debe tener la seguridad y tranquilidad de conocer de antemano cuánto le va a costar su defensa. Por ello, mis honorarios, tanto para la primera instancia —incluyendo todo el procedimiento hasta que se dicte la primera sentencia— como para los recursos que, en su caso, deba interponer contra la misma, serán cerrados y con el IVA incluido.
Estos honorarios no incluyen los gastos correspondientes a otros profesionales que puedan resultar necesarios, como el procurador, cuyos servicios serán facturados de forma independiente.